O

Orión

notes / code / chaos

Personal
Orión
Orión
author

Me Pregunté Por Qué Vivo y Solo Encontré Círculos

Quise aplicarme el método socrático para conocerme más a mi mismo:

Empecé con la pregunta más obvia:

¿qué es lo que más valoras en la vida?

Mi futura familia—Seguro de mí mismo.

¿Por qué?

Porque serán lo que quede después de mí cuando muera. Porque he venido al mundo para cambiar cosas, para dejar huella. Quiero que ellos dejen huellas aún más profundas.

Primera trampa:

¿y si no quieren dejar huellas? ¿Y si prefieren una vida tranquila?

Los valoraría igual. Son mi proyecto vital.

Contradicción: Si los valoro igual sin importar sus logros, entonces no es el legado lo que realmente importa. Hay algo más fundamental. ¿El qué? Aún no lo sé.

Segunda trampa:

¿entonces mi familia es realmente lo que MÁS valoro, o solo es una dirección útil de momento?

Honestidad brutal: es una dirección provisional. El sentido de mi vida, el dharma, mis valores; son caprichosos, elegidos arbitrariamente. Es decir, han sido elegidos por mí tras una decisión consciente. Tras sopesar varios conjuntos de valores, elegí este. Sin embargo, al igual que elegí estos, podría haber elegido otros.

Al igual que los elegí en el pasado, no hay razón por la que no puedan cambiar en el futuro.

El sentido de la vida de uno se elige, pues la vida por sí sola no tiene sentido.

Pero estos valores no son completamente caprichosos, ¿verdad? Los elegí por una razón: sé que me voy a morir. “Dejar huella” es mi manera de afrontar la muerte.

¿Y qué tiene de problemático la muerte?

Que dejaré de existir. Y no creo en Dios, ni en el alma inmortal. El instinto de supervivencia pide alguna respuesta. Si no, me quedaría quieto como una piedra, esperando la guadaña, o deambulando sin propósito.

Tercera trampa:

¿cómo soluciona “dejar huella” el problema de dejar de existir?

Seguiré muerto. No estaré ahí para ver nada. No resuelve el problema, solo distrae.

Entonces, ¿para qué? Porque si no, como decía Camus, no tendría ninguna razón para no suicidarme. Círculo cerrado: lo que me mantiene aquí son mis objetivos. Pero mis objetivos existen solo para mantenerme aquí. Razonamiento circular. Una muleta. Autoengaño útil. Absurdo camusiano disfrazada de propósito.

La Reflexión

Pero quizás Sócrates tenía razón en algo más profundo que el mero cuestionamiento. No es que mis valores sean caprichosos porque no tienen fundamento racional. Es que cualquier fundamento último es, por definición, infundado.

Los axiomas no se demuestran, se eligen.

La pregunta no es si mis valores están justificados, sino si estoy dispuesto a sostenerlos sabiendo que no lo están. Descubrí que “dejar huella” no resuelve la muerte, pero tampoco pretende hacerlo. Es una respuesta existencial, no lógica.

No es un argumento contra la muerte, es una postura frente a ella. Una manera de decir: sí, soy finito, sí, desapareceré, nada importa y aun así elijo actuar como si importara.

El círculo no es un fallo del razonamiento. Es la estructura del existir consciente. Vivimos porque elegimos vivir. Valoramos porque elegimos valorar. El absurdo no está en que mis razones sean circulares, sino en que esperaba encontrar razones que no lo fueran.

Tal vez el método socrático no sirve para encontrar fundamentos sólidos. Sirve para descubrir que no los hay, y que seguimos adelante de todas formas. Y en esa contradicción sostenida, en ese saber que estoy bailando sobre el vacío y elegir bailar con gracia de todas formas, quizás hay algo más valioso que cualquier respuesta definitiva.

Hay quien no sabe por qué o para qué vive, quizás porque nunca se lo haya preguntado, o quizás porque crea que la respuesta existe en algún lado, sin saber que la respuesta, en efecto, no existe por sí sola. Uno puede buscar una respuesta en el entorno, posiblemente en la sociedad.

Yo rechazo eso

Elegí por que vivo. Lo decidí yo, no fue impuesto.

Elijo estar vivo.

La Verdad Desnuda

Somos seres sin propósito. Máquinas de supervivencia, como decía Richard Dawkins. Replicadores químicos que desarrollaron conciencia y ahora sufren por ello.

Cualquier razón ética es una invención humana. Una invención sin fundamento lógico, axiomática, circular. Como mucho puede ser coherente, como decía Wittgenstein. Un juego de lenguaje que sigue sus propias reglas, pero cuyas reglas no tienen justificación externa.

No hay fundamento último. No hay razón final. Solo hay la elección de sostener ciertos axiomas y vivir como si importaran. Y tal vez eso es suficiente. Tal vez la dignidad no está en tener razones últimas, sino en elegir sostener las propias a pesar de saber que flotan en el vacío. Elijo dejar huella porque elijo elegir.

Yo elijo la música de mi vida porque la alternativa es el silencio. Elijo bailar.

Reacciones

Discusión

Notas públicas de lectores con sesión iniciada.

Cargando comentarios…

stderr